Los veinticuatro fps dan nombre a nuestro blog y es una cifra que ha dado lugar a fervientes discusiones, pero ¿de dónde viene este estándar en la industria cinematográfica?
Para empezar, hay que saber que la cámara de vídeo tradicional es similar a una cámara fotográfica normal, por lo que no graba todo el conjunto de una vez, si no que saca pequeños cuadros independientes entre sí que, al ser proyectados a cierta cantidad de fps(frames per second), dan sensación de movimiento.
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| Celuloide |
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| Nosferatu,1962,un clásico del cine mudo |
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| Aquí se ve el entrelazado de fotogramas |
Pero volvamos al cine. Lo primero que había que hacer era superar el fenómeno phi, es decir, conseguir que nuestro cerebro interprete como un movimiento continuo una sucesión de imágenes, lo que sucede a partir de los doce fps. También era necesario evitar el parpadeo al cambiar de imagen, lo que se conseguía con cuarenta y seis fps. Si se utilizaba una rejilla que permitiese ver el mismo fotograma dos veces, se reducía a veintitrés, con lo que se dejó en veinticuatro para que fuese un número más redondo.
En la actualidad, directores como James Cameron o Peter Jackson defienden el formato de cuarenta y ocho, afirmando incluso que los veinticuatro fps están ahí solo por tradición y que son inútiles. El principal motivo por el que no se dio el salto a los 48 fps hace tiempo, fue el coste. Las cintas de celuloide son caras y meter el doble de imágenes por segundo significaba duplicar también el celuloide necesario. Con la grabación y los proyectores digitales el coste ha dejado de ser un problema.
Dicho esto, aunque los cuarenta y ocho fps si que puede tener cierta ventaja en cuanto a nitidez y escenas de acción o con mucho movimiento,es posible también que las imágenes tengan cierto efecto irreal. Así que, ¿es mejor mantenerse fiel a la tradición cinematográfica o cambiarla?
En esta web se pueden ver vídeos mostrando la diferencia entre las diferentes cantidades de fps.



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