El origen de los 24 fps


Los veinticuatro fps dan nombre a nuestro blog y es una cifra que ha dado lugar a fervientes discusiones, pero ¿de dónde viene este estándar en la industria cinematográfica?


Para empezar, hay que saber que la cámara de vídeo tradicional es similar a una cámara fotográfica normal, por lo que no graba todo el conjunto de una vez, si no que saca pequeños cuadros independientes entre sí que, al ser proyectados a cierta cantidad de fps(frames per second), dan sensación de movimiento.

Celuloide
Cuando el cine todavía era mudo, las películas se grababan a dieciséis o incluso dieciocho cuadros por segundo, pero con los avances en tecnología del momento, esta velocidad de proyección resultó ser bastante lenta por lo que se empezó a seguir la regla de los veinticuatro fps. Es por esto que si veis alguna película muda puede que os parezca que está acelerada, ya que al proyectarla a más fps de los originales da esa sensación. Por suerte este efecto se ha arreglado en las nuevas ediciones. Cabe destacar que antes se proyectaba sin motor, había un proyeccionista que era el encargado de proyectar la película, por lo que la velocidad podía variar, incluso en días de mucho público se podían proyectar "más rápido" las películas para permitir más sesiones. Esto dejó de ser posible con la llegada del sonido, ya que se notaba demasiado.

Nosferatu,1962,un clásico del cine mudo
Como sabéis, es posible proyectar a más, por ejemplo en televisión el estándar puede variar entre los cincuenta, sesenta, treinta o veinticuatro fps. Sobre todo en la televisión de alta definición, por lo que a veces la imagen puede notarse "rara", con una fluidez más propia de una cámara digital o de las cámaras que utilizan en los programas de televisión. Un problema o contratiempo de las televisiones LCD es que la imagen estática se veía con mucha nitidez y perfectamente, pero a la hora del movimiento se veían ligeramente borrosas. Para solucionar esto los fabricantes aumentaron la tasa de refresco del monitor hasta los 600 Hz. ¿Qué se consiguió con esto? Pues que las veinticuatro imágenes que antes se proyectaban en un segundo, ahora se proyectan en menos por lo que hay que rellenar los huecos que quedan, mezclando un fotograma con otro.

Aquí se ve el entrelazado de fotogramas

Pero volvamos al cine. Lo primero que había que hacer era superar el fenómeno phi, es decir, conseguir que nuestro cerebro interprete como un movimiento continuo una sucesión de imágenes, lo que sucede a partir de los doce fps. También era necesario evitar el parpadeo al cambiar de imagen, lo que se conseguía con cuarenta y seis fps. Si se utilizaba una rejilla que permitiese ver el mismo fotograma dos veces, se reducía a veintitrés, con lo que se dejó en veinticuatro para que fuese un número más redondo.

En la actualidad, directores como James Cameron o Peter Jackson defienden el formato de cuarenta y ocho, afirmando incluso que los veinticuatro fps están ahí solo por tradición y que son inútiles. El principal motivo por el que no se dio el salto a los 48 fps hace tiempo, fue el coste. Las cintas de celuloide son caras y meter el doble de imágenes por segundo significaba duplicar también el celuloide necesario. Con la grabación y los proyectores digitales el coste ha dejado de ser un problema. 

Dicho esto, aunque los cuarenta y ocho fps si que puede tener cierta ventaja en cuanto a nitidez y escenas de acción o con mucho movimiento,es posible también que las imágenes tengan cierto efecto irreal. Así que, ¿es mejor mantenerse fiel a la tradición cinematográfica o cambiarla?

En esta web se pueden ver vídeos mostrando la diferencia entre las diferentes cantidades de fps.



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