Kogonada es un director nacido en Corea del sur pero de nacionalidad americana que comenzó haciendo vídeo ensayos sobre cine. Analizaba la forma, la composición y los temas centrándose en el trabajo de directores de la talla de Godard u Ozu. Es por esto que no me sorprende nada que su primera película, Columbus, sea tan buena y refleje tanto aquello que más le interesa de estos directores.
Columbus es una película de personajes, de esas en las que no pasa nada porque todo pasa dentro de ellos. Es una cinta de cadencia lenta, que no tiene miedo de rodear, cariñosamente, a sus dos protagonistas hasta abrazarlos cuando más lo necesitan. Es un largometraje de diálogos, de conversaciones que rompen a los personajes y los regeneran momentos después. Y es una película de amistad.
Por un lado tenemos a Jin, cuyo padre ha quedado en coma y se ve obligado a permanecer más tiempo en Columbus del que le gustaría. Por otro lado está Casey, una chica joven, apasionada de la arquitectura, que está anclada a la ciudad por querer cuidar de su madre, una mujer ex-adicta a la metanfetamina. A priori puede parecer que sus situaciones no tienen nada que ver, pero como iremos viendo poco a poco, si que guardan cierto parecido.
Jin no ha tenido contacto con su padre durante el último año, en un momento de la cinta comenta, dolido, que su padre nunca pausó su vida para hablar con él o preocuparse por su estado. Casey, por otro lado, ha recibido ofertas para irse a estudiar arquitectura a otra ciudad, pero ha pausado su vida para no dejar a su madre sola, aún después de haberlo pasado realmente mal durante su adolescencia. Jin es más frío y distante, más serio, sin embargo, Casey transmite calidez y sencillez desde el primer momento, gracias al espectacular trabajo de Haley Lu Richardson. Son como dos polos opuestos que se complementan muy bien y se ayudarán mutuamente a afrontar sus problemas, aunque no sean conscientes de ello en un primer momento.
En la primera escena de la película, Casey comenta que una obra en la fachada de una iglesia no es simétrica pero, sin embargo, está equilibrada. Y de eso va la película; de personas imperfectas, con miedos, con aspiraciones y con sueños y corazones rotos o doloridos. Personas que aspiran al equilibrio, la simetría, pero no pueden encontrarlo. Seguramente nadie pueda hacerlo, porque todos tenemos imperfecciones, traumas o pasiones, porque el desequilibrio no tiene por qué ser únicamente en un sentido. Y eso es lo realmente bonito, ¿no? Que podamos ser como somos sin tener que aspirar a la perfección.

A veces sucede que, sin esperarlo, sucede algo o llega alguien que nos cambia. En la historia que nos ocupa, ambos protagonistas se conocen de casualidad, tomando el aire y descansando de sus respectivas cargas. Kogonada filma una secuencia preciosa, en la que los dos están separados por una valla metálica, desconocidos y ajenos el uno para el otro, y comienzan a desplazarse mientras conversan y fuman, aún separados por el frío metal. Cuando se presentan formalmente y se dicen mutuamente sus nombres, es cuando termina la valla y uno de los dos la cruza. Es ese el momento en el que Jin decide conocer a Casey y en el que dejan de ser desconocidos.
El director ahonda en temas importantes a través de los diálogos, desde la ausencia de un familiar o el miedo a mudarse lejos de los que quieres hasta la soledad o las metas que nos marcamos en la vida. Kogonada los toca uno a uno, con sensibilidad y sin agobiarnos a nosotros, los espectadores, pero también sin agobiar a sus personajes, porque sabe que todos necesitamos tiempo. Todos estos temas van acompañados de una fotografía y una iluminación muy cuidadas, simbólica en ocasiones y, seguramente, en otras no tanto. Reforzando la idea de este post, muchas de las imágenes no son completamente simétricas como podría parecer en un primer momento, si no que están ligeramente desviadas a izquierda o derecha.
También nos enseña a encontrar la belleza en el mundo que nos rodea, al que muchas veces no prestamos atención (y aquí menciono lo que dice Casey: "Teléfono inteligente, persona tonta"), pero en especial a encontrarla en los edificios, en la arquitectura. Cada edificio es un mundo de materiales, de formas y de conceptos. Más grande, más pequeño, más simétrico, más luminoso o más oscuro. Al final, son como las personas, cada uno es distinto del anterior y eso está bien. Porque no se trata tanto de cambiar a la persona, el edificio, si no de ayudarla a mejorar, de construir sobre él.

Me gustan mucho las películas que muestran la vida de la gente y sus tareas diarias, te dan tiempo a conocer a los personajes y la propia película se da tiempo a ella misma para construirlos. Esto hace que nosotros seamos partícipes de sus alegrías y de sus tristeza, y que nos alegremos de que Casey se decida a seguir su pasión, despidiéndose del protagonista con un austero: "Gracias por estar aquí" y con un enternecedor abrazo. Una pequeña casualidad cualquiera, pero con más importancia de la que podría parecer, ya que gracias a haberse conocido y tras vagar incansables por diferentes paisajes de la ciudad de Columbus, ambos han experimentado un profundo cambio que les ha ayudado a encauzar sus vidas.
Si además le sumamos a Columbus que te hace sentir bien, dándole un poco de calor a tu corazón, y que te eriza los pelos con escenas realmente simples, se convierte en una película imprescindible y muy, muy recomendable. Y sí, con lo de escenas simples me refiero especialmente a cuando Jin le dice a la joven bibliotecaria que deje de hablarle como si fuese una guía turística del edificio que tienen delante y que le hable de por qué le fascina y de por qué le emociona a ella, pasando la cámara a enfocar desde detrás de un cristal a través del cual no escuchamos, pero vemos, y vemos las expresiones y los gestos de la chica y no hace falta nada más para saber que la arquitectura es su vocación.
En última instancia, Columbus es una película sobre encontrarnos a nosotros mismos cuando más lo necesitamos, sobre ponerle significado a lo que hacemos y a lo que somos. Se la recomendaría a cualquiera que estuviese en este punto de su vida, creo que le dará una inspiración invaluable para encontrarse consigo mismo.
Si además le sumamos a Columbus que te hace sentir bien, dándole un poco de calor a tu corazón, y que te eriza los pelos con escenas realmente simples, se convierte en una película imprescindible y muy, muy recomendable. Y sí, con lo de escenas simples me refiero especialmente a cuando Jin le dice a la joven bibliotecaria que deje de hablarle como si fuese una guía turística del edificio que tienen delante y que le hable de por qué le fascina y de por qué le emociona a ella, pasando la cámara a enfocar desde detrás de un cristal a través del cual no escuchamos, pero vemos, y vemos las expresiones y los gestos de la chica y no hace falta nada más para saber que la arquitectura es su vocación.
En última instancia, Columbus es una película sobre encontrarnos a nosotros mismos cuando más lo necesitamos, sobre ponerle significado a lo que hacemos y a lo que somos. Se la recomendaría a cualquiera que estuviese en este punto de su vida, creo que le dará una inspiración invaluable para encontrarse consigo mismo.


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