New Rose Hotel. Sin tiempo para los sentimientos.

Abel Ferrara no cede ante las presiones de público o estudio, se ha mantenido fiel hasta el día de hoy a sus principios y a su forma de entender el cine, convirtiéndose, en ocasiones, en el ídolo de unos cuantos y en el objeto de odio de otros tantos. Para él, saber que alguien va a una sala de cine a ver un trabajo suyo ya es motivo de orgullo y de satisfacción, comentaba en alguna entrevista.
Portada de la película
En New Rose Hotel visitamos un futuro no muy lejano en el que las corporaciones intentan llevar la batuta en lo que a nuevos descubrimientos se refiere. En este caso, dos grandes compañías: Hosaka y Maas, están peleándose por un brillante científico que trabaja para la segunda. Este hombre es un genio que está continuamente revisando paradigmas y realizando nuevas investigaciones, únicamente vive para eso y para su mujer, insaciable en lo intelectual y en lo sexual. Hosaka decide contratar a los protagonistas, estafadores, para que convezcan al científico de que abandone Maas y trabaje para ellos y estos, a su vez, contrataran los servicios de una chica que se encargará de seducirle e introducir, poco a poco, esas ideas en su cabeza.

Aparentemente un thriller de espionaje corporativo normal, Ferrara juega con los tiempos y con la forma de las imágenes para dotar a la historia de un sentimiento onírico y de irrealidad. Los colores de neón se funden con tonos más oscuros, recuerdos a medias y unas actuaciones impecables. Porque Christopher Walken está magnético (como siempre), pero Asia Argento y Willem Dafoe no se quedan atrás.
New Rose Hotel (1998) directed by Abel Ferrara • Reviews, film + ...
Los tres protagonistas de la película
Este último es el personaje clave de la película, ya que se enamora de la mujer a la que contratan para hacer el trabajo sucio, y planea abandonar a su compañero para irse lejos con ella y el dinero en cuanto termine todo. Pero en un mundo descarnado y frío, donde todo avanza a un ritmo vertiginoso, no hay hueco para ser románticos. Ferrara nos muestra esta idea, un poco triste, en la que los seres humanos han quedado reducidos a una serie de transacciones y despojados de todo lo que les hace, precisamente, humanos. Transacciones que consisten en dinero y en sexo, como ya mostrase Kubrick en Eyes Wide Shut.

La segunda mitad de la película es arriesgada, ya que el director recicla muchísimas escenas de la primera mitad del metraje y nos las vuelve a poner, pero dotándolas de un sentido nuevo a la luz de los últimos giros y revelaciones en la trama, añadiendo a veces frases extras y pequeños momentos que no vimos previamente. Esa capacidad de reinterpretación, de la que el propio director hace gala al manipular este género como si la masa de una pizza se tratase, es lo segundo más importante de la película. La habilidad de los seres humanos para no tener una versión única de un mismo momento, de interpretarlo según nuestras circunstancias y nuestros sentimientos, ya sean el amor, como el caso de la película, u otros, pero sintiéndolo siempre como algo verdadero bajo nuestro prisma.

Descorazonadora y dura en su final, vemos una traición que le duele al personaje de Dafoe como un puñal en las entrañas y que se refugia como una rata en el New Rose Hotel, recordando una y otra vez como ignoró las obvias señales de la traición por elegir la calidez del romanticismo, con el conocimiento de que pronto le van a encontrar a no ser que sea él mismo el que ponga fin a su vida.
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