The Art Life, el modo de vida de un artista

Pocas figuras en el mundo cinematográfico suscitan tanta curiosidad como David Lynch, que: pelazo, cigarro y café en mano, nos conduce por esta pequeña cinta. Personalmente, le considero uno de mis directores predilectos y siempre he sentido cierto impulso a conocer más de él y de su obra, por eso he dedicado bastantes horas a ver entrevistas, documentales, a leer sobre él... 




En la red es fácil encontrar material sobre el director que pueda aportarnos datos nuevos, pero entonces: ¿qué nos enseña este documental que no sepamos ya?


Los tres directores que dirigen este documental han conseguido crear una de las piezas más íntimas y respetuosas con el director, grabándole durante muchas horas en su zona de trabajo, en su intimidad, donde él da rienda suelta a su creatividad. 

A lo largo de la cinta, que tampoco es muy larga, la voz de Lynch nos acompaña, con ese tono típicamente relajado suyo, guiándonos por las primeras etapas de su vida, su infancia, su adolescencia y su juventud. Que el propio David Lynch ponga la voz de narrador le da un toque mucho más personal a todo lo que cuenta y es una delicia para cualquier fan escuchar como relata las anécdotas e historias que le han sucedido a lo largo de su vida.



Lo interesante de la película es que acaba justo tras el rodaje de Cabeza Borradora, por lo que mayormente trata sobre el arte del director y pintor y sobre como lo fue desarrollando desde temprana edad, gastándose sus primeras pagas en alquilar un estudio donde pintar o explicando su fascinación por lo orgánico. Así que es interesante avisar de que no es un documental sobre su cine.

Por lo que han dicho los directores, hace un par de décadas Lynch era bastante reacio a hablar sobre su trabajo y sobre sí mismo, por lo que cuando se rodaron documentales como Lynch le notaban más forzado que ahora. Quizás sea porque quiere dejar esto como un legado para su hija pequeña, a la cual se puede ver compartiendo momentos muy tiernos con su padre en el estudio. En cualquier caso, no hemos visto ni la mitad del tiempo que filmaron(muchísimas horas estuvieron con él en su estudio, en las que Lynch dice que ya no notaba la cámara).

A la voz de Lynch, acompañan imágenes de su juventud, pinturas o dibujos suyos, música suya o imágenes que evocan la situación sobre la que está hablando.

Poco más se puede decir del documental. Si eres un fan que ya ha investigado lo suyo sobre Lynch, no te aportará nada nuevo, aunque irás a verlo por el puro placer de escucharle. Si simplemente sientes curiosidad por su figura, es ideal que lo veas, sabiendo que el cine es un medio más para él de liberar su creatividad y no el único, por lo que él no se centra solo en hacer películas. Lo recomiendo y fue un gusto ver como la gente en la sala se reía cuando David Lynch contaba alguna historia graciosa teniendo cierta complicidad con el artista.

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