Espiral de autodestrucción: La Pianista

Michael Haneke vuelve a adentrarse en el lado más oscuro del ser humano para realizar un estudio de algunas conductas tabús. Violento y bello ensayo a partes iguales.



El director austriaco nunca deja indiferente a nadie, para bien o para mal. A veces parece que no está contándote nada, con planos extremadamente largos de acciones poco relevantes y normales. O finaliza sus largometrajes de un modo brusco y, normalmente, abiertos a interpretación. Aunque yo diría que los deja más abiertos a la reflexión. Si Haneke consigue algo, es hacer pensar al espectador, si pones de tu parte, claro. Usualmente trata temas espinosos: véase la semilla de los totalitarismos, la morbosidad de la violencia, las consecuencias insospechadas de acciones de poca importancia, la represión o sobre los medios de comunicación(o de incomunicación). En su nueva película, sin fecha de estreno en España: Happy End, hablará sobre la crisis de refugiados actual y sobre los problemas de una familia burguesa aparentemente perfecta.

Pero centrémonos ahora en La Pianista, film que obtuvo el Gran Premio en Cannes en el 2001 y otras tantas nominaciones por reparto y a mejor película. Si tuviese que utilizar una palabra para describirla sería cruda, algo que no es nuevo en la filmografía de Haneke claro.



La película se centra en el personaje de Isabelle Huppert(Erika), acompañada por dos personajes centrales más: su madre(Annie Girardot) y su alumno, que intentará seducirla(Benoît Magimel). Las actuaciones rayan a un nivel más que bueno, pero la que se lleva la palma es, sin duda, Huppert, capaz de interpretar a uno de los personajes más complejos que podréis contemplar, con un revestimiento de hielo que la protege ante cualquier acceso externo.

A partir de aquí hay spoilers.


La personalidad de Erika es un producto de la relación abusiva con su madre, incluidas agresiones físicas y psicológicas por parte de ambas. No he estudiado psicología, así que permitidme las licencias, pero diría que Erika sufre de un complejo de Edipo. Me explico, durante toda su vida ha vivido con su madre, que es una mujer controladora, de principios y valores más antiguos y que ha velado por la rectitud de su hija, la cual se ha visto obligada a adoptar una posición y un rol sumiso en la casa. 


Al final, ha acabado por someterse y sentir una atracción hacia su madre(la escena incestuosa) , esa figura de poder inalcanzable, y busca emular eso en sus relaciones sexuales. Por ello, desea sentirse dominada e intenta encontrar a alguien(su alumno) que cumpla el papel de su madre en su perverso juego sexual.



La película cuenta con escenas realmente duras de ver, incluso para los estómagos más curtidos. Véase la mutilación genital de la protagonista. Además, Haneke, con su habilidad para incomodar al espectador, alarga los planos y las situaciones de manera "artificial" para hacernos partícipes y obligarnos a contemplar la escena, como es el caso del encuentro sexual en el baño. Haneke nos coloca de un modo frío frente a un suceso y nos hace mirarlo, incluso si lo repudiamos o lo encontramos repulsivo, otro ejemplo es hacia el final: la escena en la que Klemmer encierra a la madre y golpea a Erika , violándola.



Y sí, digo violándola porque no es eso lo que Erika deseaba, no creo que ella estuviese excitada, como se puede deducir de su expresión. Lo digo porque veo gente comentando "¿pero es que no es lo que ella quería?".


El final es abrupto, seco y parece que queda la historia a medias, pero esto es lo que sucede en todas las películas del realizador austriaco. Nos lo deja abierto al debate y a la reflexión interna de cada uno. En mi opinión, Erika y Klemmer son dos caras de una misma moneda, una más brutal que la otra. Además Erika no libera sus deseos más secretos de golpe, mientras que el joven, en cuanto siente deseo por la mujer, no impide que aflore su instinto más animal. Así que para mí, ambos eran personajes desequilibrados, pero el alumno siempre lo ocultó mejor o, al menos, de cara al espectador, porque no vemos su vida y, al fin y al cabo, ¿no es esto algo que hacemos todos cada día, ocultar una gran parte de nosotros? Al final, Erika se realiza un corte con un cuchillo, en un lugar público y a la vista de todos. Para mí, se está liberando, y después de esta experiencia quiere cambiar. Aunque no niego que no tuviese intención de vengarse de Klemmer, asesinándole delante de todos o incluso suicidarse ella misma en pleno recital. De cualquier modo, queda en el aire y podéis pensar como gustéis.


Admiro la capacidad del director para tratar tantos temas complicados y tabús, como puede ser el sado, la dependencia emocional..., nadie lo hace como él y dudo que alguien lo consiga hacer así. Además puede sugestionar y en ocasiones, no necesita mostrar una escena física violenta para hacerte sentir violento como observador. Un rasgo destacado es que siempre es objetivo y no nos posiciona, nos permite a nosotros tomar posición ante el conflicto presentado. Muestra todo de una manera fría y distante, como pudo hacer Kubrick en mi amada Barry Lyndon.




Me gustaría destacar también la construcción de los personajes que realiza Haneke, plano a plano, minuto a minuto. Si bien la película es una adaptación de una novela, hace falta tener cierto talento para plasmar el papel en la pantalla y aquí se consigue con creces.


Una característica de esta es la música, que toma un papel protagonista para funcionar como nexo entre personajes. Lo comento porque normalmente, en sus películas hay poco sonido, suelen predominar los silencios ante todo. Por ahí leí que Haneke era un músico frustrado, así que supongo que esto le ha servido para homenajear piezas clásicas también. 

En definitiva, de las mejores películas suyas que he visto, pero como el resto, no puedo recomendarla, porque no es para todo tipo de públicos. Genial Isabelle Huppert, esa mirada gélida y ese personaje tan complejo no se me van a olvidar nunca.
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